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Storytelling para sanar: integración, caos y rigidez, los pilares de la salud mental (Estrategia 1)

Actualizado: 25 ene


  1. ¿Cómo funciona la salud mental?

En los colegios es donde más compartimos con miles de niños por cientos de días al año, es el lugar donde mejor los podemos conocer. Saber cuándo están bien y cuándo no. Cuándo se sienten bien y cuándo no. Qué les gusta más y qué no. 


Pero, ¿sabemos cómo funciona su cerebro? ¿Sabemos su estado de salud mental?


Es claro que como padres, educadores o responsables de pequeños infantes o adolescentes nuestra prioridad en su educación será la disciplina, toma de decisiones, conciencia de sí mismo, su rendimiento académico y relaciones sociales en el colegio, entre otras. Sin embargo, todo esto responderá a sus experiencias y cómo se relaciona con estas. Y acá es donde el cerebro determina quiénes somos y cómo respondemos ante la adversidad. 


Por salud mental entendemos que es vivir en bienestar, tener la habilidad de mantenernos en calma y sentirnos en armonía con nuestro alrededor; es “navegar en el centro del río”. Si estamos navegando en aguas calmadas entonces nuestro bote flotará y nos sentiremos en armonía con lo que nos rodea. Si las aguas están turbias sentiremos que “algo malo nos podrá pasar” y las orillas no serán seguras pues un costado será el caos donde nos sentimos fuera de control; y el otro costado será de rigidez en que impondremos el control alrededor de todo. 


Por ejemplo: en el colegio ¿vemos que a una niña le cuesta socializar y jugar con los demás? Rigidez. ¿Vemos que un niño comienza a llorar, gritar y agredir a sus nuevos amigos? Caos. Ambos escenarios son falta de adaptación, compromiso, negociación, flexibilidad y adaptación a lo que estamos viviendo. Es no lograr vivir en armonía. 


Ahora bien, para lograr esta armonía necesitamos lograr vivir en integración; y para entender a qué nos referimos con esto primero les tenemos que explicar cómo funciona el cerebro.


  1. ¿Cómo funciona nuestro cerebro?


Partamos del hecho que el cerebro es “plástico”, es moldeable; por lo tanto, nuestro cerebro físicamente cambiará según cada experiencia que vayamos viviendo.


El cerebro tiene distintas funciones y partes: unas racionales, otras irracionales, unas retrospectivas y otras reactivas (como si fueran distintas personalidades, sí). 


Tenemos una parte izquierda que nos ayuda a pensar lógicamente y organizar nuestros pensamientos en oraciones. Una parte derecha que nos ayuda a vivir nuestras emociones y procesar lenguaje no verbal. Una parte “reptil” que nos permite actuar instintivamente y tomar decisiones en segundos para sobrevivir. Una parte mamífera que nos permite generar relaciones y conectarnos con los demás. Una parte que se enfoca en los recuerdos; y otra parte que se enfoca en tomar decisiones morales y éticas. 


Cada una de estas partes aparece en un momento específico según lo que estemos viviendo, según lo nos represente en nuestra memoria, y la clave para que todas funcionen juntas se llama integración. Si logramos entenderlas entonces podremos lograr que trabajen juntas como una sola y así fortalecer nuestra salud mental, y prosperar en nuestras habilidades emocionales, intelectuales y sociales.


Para una vida en armonía y salud mental necesitamos una integración horizontal (que la lógica izquierda trabaje con la derecha); y una vertical (que la lógica de arriba (pensar antes de actuar) trabaje con la lógica de abajo (instintos, impulsos y modo supervivencia)). 


  1. ¿Cómo integrar las partes del cerebro? 


Hay una historia, en el libro “El cerebro del Niño” (Siegel y Bryson, 2012; 05), que nos enseña cómo el storytelling nos permite sanar experiencias traumáticas. 


Esta es la historia: 


Una niñera tuvo un accidente de carro con un pequeño de 2 - 3 años. Por fortuna al pequeño niño no le pasó nada, pero la niñera se la tuvieron que llevar en ambulancia al hospital pues había tenido un ataque epiléptico. 


Cuando el pequeño dejó de llorar, una vez la mamá llegó, él sólo decía “Eea woo woo”. “Eea” era su forma de decir Sophia (el nombre de la niñera), y “woo woo” era su forma de representar a la ambulancia. Entonces, al decir constantemente “Eea woo woo” lo que el pequeño estaba intentando hacer era contarle la historia a la mamá de lo que había pasado; de aquella experiencia traumática. 


Ante esta situación hay dos (2) opciones: 

  1. Asegurar que la niñera estará bien, que se tranquilice; y acto seguido lo distraeríamos con algo que lo divierta. 

    1. El problema con esto es que, al final, el pequeño terminaría confundido de lo que pasó y el porqué pasó; y seguiría asustado.

  2. Podríamos conversar con el pequeño y lograr que nos cuente la historia. 

    1. “Sí, tú y Sophia estuvieron en un accidente cierto?”

    2. “Eea woo woo”

    3. “Es cierto, el woo woo vino y llevó a Sophia al hospital. Pero Sophia ya está bien, ¿te acuerdas que la visitamos ayer y la vimos bien?


La segunda opción es la más importante pues al permitir que el niño reiteradamente nos cuente la historia estamos ayudándole a que él entienda lo que pasó para que pueda comenzar a lidiar emocionalmente con aquel momento traumático. 


Al dejar que nos cuente la historia una y otra vez estamos ayudándole al cerebro a procesar esta experiencia, pues al (re)contar lo sucedido el pequeño podrá procesar sus miedos y así seguir con sus rutinas diarias; pues poco a poco él irá contando la historia cada vez menos hasta que se vuelva una experiencia más en su vida.


Al contar la historia una y otra vez logramos desactivar esta miedosa y traumática emoción en su lado derecho del cerebro para que no lo domine. De no hacerlo, el miedo podría dominarlo y a lo largo de su vida presentarse en distintos momentos en que tendrá miedo de subirse a los carros, de los sonidos fuertes o de separarse de los papás. 


Como ven, usando su lógica izquierda con la derecha entonces pudo procesar la información y darle un significado que le trajo tranquilidad con el tiempo.


Este “storytelling” es una forma de integrar horizontalmente y así educar a nuestros pequeños de una manera más significativa y comprensiva.





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