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  • Ariel Sánchez Rojas

Enseñémosle a nuestros estudiantes a tomar control de sus pensamientos, sentimientos y comportamiento (Estrategia 4)

“La memoria es un archivador donde puedes encontrar etiquetas para cada momento de tu vida” probablemente han oído hablar de esto, y es importante que sepan que no funciona así.


En realidad la memoria se trata de asociaciones cuando nuestro cerebro procesa algo en el momento presente (idea, sentimiento, olor, imagen…) y vincula esa experiencia con experiencias similares del pasado. La memoria es la forma en que un evento del pasado influye en nosotros en el presente. Una experiencia hace que ciertas neuronas se activen, y esas neuronas se conectarán a partir de otras experiencias similares. Por lo tanto, nuestro pasado dará forma a nuestro presente y futuro.


Tenemos dos tipos de recuerdos: implícitos y explícitos. El último es nuestra capacidad de recordar un momento concreto (“Recuerdo cuando en la clase de inglés la profesora Sandra me enseñó a escribir un ensayo”). La implícita es cuando realizamos actividades pero no recordamos cuándo ni dónde las aprendemos (como jugar al fútbol). La memoria explícita es un recuerdo consciente de experiencias pasadas; lo implícito no lo es, comienza a formarse incluso antes de que nazcamos (en nuestros primeros dieciocho meses solo codificamos recuerdos implícitos). La memoria implícita nos hace formar expectativas sobre cómo funciona nuestra vida, con base a nuestras experiencias previas.


Ahora bien, ¿cómo podemos utilizar esta información en nuestras tareas escolares diarias?

Por ejemplo, cuando nuestros estudiantes comienzan a reaccionar inusualmente, debemos considerar si hay un recuerdo implícito que ha creado una conducta en ellos, y es una oportunidad para explorar porqué se comportan de esa manera.


Nosotros como docentes o sicólogos debemos ayudarlos a construir la historia; debemos utilizar la narrativa para que sus recuerdos implícitos se vuelvan explícitos y llenos de significado. A veces (muchas de las veces) cuando los estudiantes se meten en problemas es porque se activa un recuerdo implícito, y si entendemos de dónde viene entonces podemos solucionarlo.


Esta integración de memoria implícita y explícita funciona en nuestro “hipocampo”, nuestro “buscador” o nuestro “Google”. El hipocampo trabaja con diferentes partes de nuestro cerebro para tomar todas las imágenes, emociones y sensaciones de la memoria implícita y unirlas para crear narrativas que nos ayuden a comprender la vida misma.


Cuando ayudamos a nuestros estudiantes a integrar su pasado en su presente, pueden entender lo que sucede dentro de ellos y obtener control sobre cómo piensan y se comportan. Comenzarán a desarrollar la parte superior de su cerebro (recuerden la estrategia 3) y tomarán sus experiencias negativas que los están impactando sin su conocimiento (memoria implícita) en recuerdos que tienen significado.


Así que recuerden: cuando vean a un estudiante teniendo dificultades como resultado de una experiencia pasada, simplemente vayan, hablen y ayúdenlo a volver a contar la historia de la experiencia. Ayúdenlos a tomar el control de su historia, comportamiento y sentimientos.


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Hasta acá hemos aprendido cuatro estrategias:


  1. Vuelva a contar la historia de la experiencia aterradora o dolorosa para integrar los hemisferios izquierdo y derecho y comenzar a sanar.

  2. En lugar de ordenar y exigir, intente conectar y redirigir: trabajando de izquierda a izquierda y de derecha a derecha (integración horizontal).

  3. Comprometerse e instruir, no caer en la ira (integración vertical).

  4. Integre la memoria implícita y explícita para darle sentido a lo que está sucediendo y obtener control sobre cómo pensamos y nos comportamos.



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